
Un juramento que marca el rumbo en tiempos de tormenta
Por Alejandro Garzón En un Congreso atravesado por la soberbia, la burla y la intolerancia especialmente de las y los diputados de La Libertad Avanza, los compañeros Juan Carlos Molina y Moira Lanesán asumieron sus bancas con la enorme responsabilidad de defender a Santa Cruz y al país en medio de una crisis social devastadora y de un gobierno que conduce a la Argentina hacia el abismo. Ayer no fue un día más en el Congreso de la Nación. En un país atravesado por una crisis económica que golpea sin piedad a trabajadores, jubilados y familias enteras, donde la desocupación crece y los precios se van de las manos, el acto de jurar como diputado adquiere un valor político que excede cualquier formalidad. La jura de nuestros compañeros Juan Carlos Molina y Moira Lanesán del Frente Fuerza Santacruceña representa, en este contexto, un acto de responsabilidad histórica. No llegan a un Congreso ordenado ni respetuoso de las diferencias. Llegan a un recinto crispado, marcado por la soberbia, la intolerancia y la burla especialmente de las y los legisladores de La Libertad Avanza, que ayer mostraron con claridad el ADN autoritario de un proyecto político que no cree en el pluralismo ni en la convivencia democrática. Lo que vimos ayer no es anecdótico. No es “folclore parlamentario”. Es la puesta en escena de un modelo de poder que necesita humillar, provocar y deslegitimar al que piensa distinto. Un modelo que confunde mayoría con impunidad y cree que gritar más fuerte es gobernar mejor. Por eso, que Molina y Lanesán juren en ese ambiente, en ese clima hostil, no es menor: es pararse de cara a un país que se debate entre quienes defienden derechos y quienes vienen a destruirlos. Mientras algunos celebran la crueldad como si fuera un gesto de modernidad, Santa Cruz pone en el Congreso de la Nación a representantes que entienden que la política sigue siendo la herramienta para defender a quienes viven de su trabajo. En un momento en que muchas provincias están siendo ajustadas hasta el hueso y que el régimen de Milei intenta convertir al Estado en un espectador sin poder ni rumbo, asumir una banca significa asumir más que un compromiso: cuidar los recursos, proteger a las familias, defender a las empresas del estado etc y pelear para que nuestra provincia no quede arrodillada frente a las empresas privadas o a los intereses del poder real. Juan Carlos y Moira asumen en un país donde millones sienten que el piso se mueve bajo sus pies. Sin embargo, se plantan. Juran. Dicen presente. No por ambición personal, sino porque Santa Cruz necesita voces que enfrenten el avance de un proyecto que se devora derechos, destruye instituciones y vacía de sentido la vida democrática. Voces que no acepten la entrega del futuro provincial en nombre de un supuesto “orden” que solo beneficia a unos pocos. El mensaje es simple y profundo: Santa Cruz no se entrega. No va a resignarse a ser una provincia subordinada ni va a dejar que la crisis la use como excusa para desarmar lo que costó décadas construir. En tiempos donde algunos disfrutan burlarse de los que menos tienen, otros entienden que la dignidad sigue siendo una bandera que no se negocia. Hay momentos en la historia en los que uno no elige el tiempo, pero sí el lugar donde decide pararse. Hoy, nuestros compañeros diputados eligieron pararse del lado correcto: del pueblo santacruceño, de los trabajadores, de las familias que sostienen esta provincia aun cuando todo parece ponerse cuesta arriba. En un Congreso que muestra lo peor del país, su presencia marca que todavía hay quienes están dispuestos a dar la pelea que hace falta. Porque incluso en los tiempos más oscuros, siempre hay quienes entienden que la política, cuando es compromiso real, puede ser también un acto de valentía. Y quiero cerrar diciendo algo que para mí es central. Yo los banco, pero no pueden olvidarse jamás del pueblo. No pueden mirar solo al sector del que vienen ni dejarse seducir por los pasillos del Congreso. Allá adentro se discute poder, sí, pero acá afuera se discute la vida de miles de santacruceños y santacreceñas que esperan representación, coraje y coherencia. Cada voto, cada debate y cada batalla que den tiene que ser con el pueblo y para el pueblo. Porque si no es así, la política pierde sentido. Y ustedes no pueden darse el lujo de decepcionar.








